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Martes 05/07/2022  

Sindéresis

Rusia delenda est

Hay que abrir los ojos: las guerras las provocan los estados y las pagan los pueblos. Ni Rusia ni Ucrania deben ser destruidas

Romanos y cartagineses las tuvieron moradas durante más o menos cien años, en una sucesión de invasiones a las que luego llamaríamos Guerras Púnicas. Ambos centros de poder tenían el equivalente a un congreso donde convencer a los que mandaban de que la guerra era necesaria. Después de cualquier guerra hay una negociación de paz con el enemigo. El que ha perdido debe hacer muchas concesiones; si la cosa estuvo igualada, se intenta eliminar el motivo inicial del conflicto, pero no se conceden muchos más asuntos. Excepto cuando Catón el Viejo, tras una de las guerras púnicas, advertía en todos sus discursos: Carthago delenda est. Cartago debe ser destruida. Sin concesiones. Como así sucedió tras la última, en que se destruyó un imperio entero y se cubrieron sus campos con sal para que los supervivientes murieran de hambre.

Sobre lo idóneo o no de mandar armas a Ucrania podemos estar en desacuerdo. A mí me parece una falacia que el motivo para no enviarlas sea que algunas acaban en manos de soldados que no respetan los derechos humanos. Si Marruecos nos invadiese, es seguro que España tendría que admitir que muchos de los suyos no respetaron los derechos humanos de soldados rendidos y de civiles. Al igual que sucede con Rusia. Como pasa en todas las guerras. Pero lo importante es que el publirreportaje extendido de la heroicidad de Ucrania frente al invasor ruso (y recordemos que todos los publirreportajes son pagados por un anunciante), aleja el foco todos los días y a cada hora de que solo hay dos soluciones a un conflicto bélico: negociación de paz o aniquilación total del enemigo. Si algo nos enseñó wikileaks es que los estados, todos, desde Rusia hasta USA, pasando por Ucrania, Israel y, sí, España, se comportan de modo indeseable unos con otros y tienen toneladas de cadáveres en el armario. Una vez admitido esto, cada telediario o tuit que señale lo atroz de uno de los bandos y no ponga el acento en que la única solución válida es un acuerdo de paz, solo hacen que revivir a un Catón venenoso y amargado susurrando: Ucrania delenda est. Rusia delenda est.

Cuando Margarita Robles intenta infantilizar a aquellos que ponen el foco en la paz, que procuran que no nos olvidemos de que hay que hablar de las negociaciones de paz todos los días, lo que hace en realidad es mostrarnos su propio infantilismo, propio de quien, cuando estudia la historia, se cree que las guerras acaban en el campo de batalla. Tomemos como ejemplo la batalla de Qadesh. Hace 3300 años se enfrentaron los egipcios y los hititas en las inmediaciones del río Orontes. Hoy en día es imposible afirmar quién ganó realmente la batalla, pero de lo que estamos seguros es de que ambos bandos anunciaron su propia victoria. ¿Qué es lo importante de este hecho? Que, tras una batalla que nadie perdió, no hubo más guerra, y ambos imperios firmaron el primer acuerdo de paz del que tenemos constancia escrita, el Tratado de Qadesh. La primera clausula de ese tratado decía que era indefinido, eterno. Pocos años después, ambos imperios lo consolidaron con la boda entre la hija de Hattusili III y Ramsés II. No podemos desear aquello de lo que no se habla nunca, por eso, independientemente de los matices, hay que hablar cada día sobre la paz, hay que exigir la paz, hay que admitir que, para que haya una paz justa, no puede darse una derrota total de Ucrania, y hay que abrir los ojos: las guerras las provocan los estados y las pagan los pueblos. Ni Rusia ni Ucrania deben ser destruidas, y Catón el Viejo era un xenófobo de mierda que murió con 90 años echando bilis por la boca y provocando guerras.    

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